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Aprende cómo detectar signos de deshidratación en el recién nacido

15/06/2017

Una situación que merece una mención especial dentro de la deshidratación son los primeros días de vida de los bebés alimentados con lactancia materna.

Dado que el inicio de la producción de leche materna es muy variable de una madre a otra y depende también de circunstancias tales como el tipo de parto (vaginal o cesárea), las circunstancias del parto, la técnica de succión y la anatomía de la boca del bebé, si la madre toma alguna medicación… la ingesta de leche del recién nacido también lo puede ser. Por eso, los padres y en general  sus cuidadores han de prestar atención a los signos que nos indican que el recién nacido está bien hidratado.

Los más sencillos de comprobar son que tiene la boca húmeda y que orina y hace deposiciones con frecuencia, en ocasiones incluso con cada toma o varias veces por toma. Si presenta la boca seca, no orina u orina poco, tiene un color amarillo (ictericia) intenso, presenta febrícula (temperatura mayor de 37°C) y está muy dormido o muy irritable (puede manifestarse de ambas formas, o incluso de forma alternante entre una y otra), puede ser indicativo de deshidratación por falta de ingesta de leche. 

Un apunte importante respecto a la valoración de la orina en el recién nacido es que resulta frecuente encontrar en el pañal una mancha de color anaranjado o rojizo debido al depósito de sales de urea, que se encuentran de forma normal en la orina. No se trata de nada anormal, pero en ocasiones son manchas muy llamativas que generan alarma en sus padres y les llevan a consultar a su pediatra por pensar que se trata de sangre en la orina.

Otra forma fácil, y más objetiva, de evaluar la pérdida de líquido corporal en los recién nacidos es con el peso. En general, todos los recién nacidos pierden peso durante los primeros días de vida. Lo fisiológico, lo que se produce de forma natural, sin que sea anormal, es que puedan perder hasta un 10-12% de su peso al nacimiento. Si la pérdida de peso es mayor, o no han recuperado el peso del nacimiento a los 10 días de vida y el bebé se alimenta de forma exclusiva de lactancia materna, lo primero que hay que hacer es que un especialista (enfermera, pediatra, matrona, asesora de lactancia materna...) compruebe la técnica y asesore en posibles cambios de posición de la boca del bebé durante la toma. Si pese a ello sigue la pérdida o estancamiento ponderal, puede ser recomendable añadir a la lactancia materna un suplemento de leche artificial durante los primeros días de vida.

Posteriormente, en función de todas estas circunstancias, de la producción de leche materna y de la evolución del peso del recién nacido, se puede reevaluar si es imprescindible mantenerlo o si la lactancia materna es suficiente.

Una vez dado de alta del centro hospitalario donde ha nacido el bebé se deberá concertar una visita con el pediatra para ser visitado, a ser posible antes de los 10 días de vida. Si antes la familia detecta los signos de alarma antes mencionados deberá consultar con el pediatra antes. Una vez visitado, éste determinará la frecuencia en la que debe ser pesado durante las primeras semanas de vida.

También es normal que a partir del segundo día puedan adquirir un tono amarillento de la piel, sobre todo de la cara, lo que se conoce como ictericia fisiológica del recién nacido. Se debe a un aumento de los niveles de bilirrubina de forma transitoria, durante las primeras semanas de vida, y se produce tanto en los niños amamantados como en los que se alimentan con leche artificial. Una vez que se da el alta al domicilio, la recomendación de los pediatras es que expongan al recién nacido en un ambiente de claridad durante el día y con poca ropa, pues la luz solar ayuda a degradar la bilirrubina que se acumula en su piel y a hacer desaparecer el color amarillento de la piel. 

En conclusión, si bien todas estas circunstancias, pérdida de peso, ictericia… pueden ser normales en los primeros días de vida de todo recién nacido, es importante tener en cuenta que una pérdida de peso excesiva o una ictericia con niveles de bilirrubina por encima de los normales para su edad gestacional y días de vida pueden ser indicativos de deshidratación por una ingesta escasa de leche. 

 

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