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Amnesia digital, ¿por qué hay datos que no recordamos?

10/07/2015

El hecho de que las nuevas tecnologías hayan impregnado la casi totalidad de las facetas de nuestra vida cotidiana (educación, ocio, trabajo, salud, etc.) es una evidencia de la que nadie duda. Pero, ¿cómo afecta la dependencia digital en la gestión de los procesos de la memoria a corto y medio plazo? 

Esta es una pregunta que quizás nos toque plantearnos, respecto al hábito que ya hemos incorporado de hacer búsquedas en Google (el buscador por excelencia) ante cualquier dato o información que no recordamos o que desconocemos. Esta conducta, ha sido denominada como “efecto Google”. Según los expertos ocasiona lo que han designado como “amnesia digital”, entendiéndose ésta como un proceso selectivo mediante el cuál sólo recordamos aquella información que sabemos no podemos encontrar de forma garantizada en Internet o en nuestros dispositivos digitales. 

Este hecho explicaría una realidad que se repite entre la población adulta, como es el hecho de que recordamos sin problema el teléfono fijo de nuestra casa de la infancia, pero no el teléfono móvil de un familiar o un compañero de trabajo. En el primer contexto, la única forma que teníamos para acceder al dato del teléfono fijo era, o bien memorizándolo o sino teniéndolo anotado en una agenda “de papel” (situación que conllevaba el esfuerzo de que ésta fuera asequible para su consulta en el momento necesario). 

Veamos a continuación algunos datos que ilustran este fenómeno en la población adulta, para pasar seguidamente a evaluar como afecta a la población infantil y juvenil.

Según una encuesta realizada por Kaspersky Lab (2015), empresa consultora especializada en la seguridad e Internet, en la que participaron 6.000 usuarios mayores de 16 años, el 44,9 % de los mismos no recordaba de memoria el teléfono de sus hijos. El dato aumenta hasta el 90,5 % cuando la información que se les consultó, fue el dato relacionado con otros teléfonos importantes como el de la escuela de sus hijos. Por el contrario, el 65 % de las personas encuestadas, sí recordaban el número de teléfono de la casa en la que vivían cuando tenían entre los 10 y los 15 años.

¿Cómo afectan las tecnologías digitales e Internet en los procesos de memoria de los jóvenes?

Según los expertos la seguridad que generan las tecnologías digitales de acceder a la información, sin la necesidad de recordarla, relaja a los jóvenes en los procesos de memorización de datos. Pese a ello, también es cierto que ni adultos ni jóvenes solemos ser lo suficientemente responsables en el manejo de las tecnologías generando copias de seguridad que nos permitan disponer de recursos para la recuperación de los datos en caso de pérdida o substracción. Por tanto, la sensación de que todo lo que deseemos buscar en un momento u otro estará a nuestra disposición, puede llegar a ser una falsa creencia sino incorporamos conductas para la conservación y recuperación de los datos personales almacenados en los dispositivos digitales.

Las tecnologías y los recursos que nos permiten el almacenaje de datos, condicionan los procesos de aprendizaje, memoria y recuerdo de la población de cada época. Ya en su época, Einstein dejó constancia de que no tenía la necesidad de memorizar información que pudiera consultar en un libro. 

Esta misma situación se repitió ante la aparición de las calculadoras digitales, dejando en evidencia que no era necesario saber de memoria las tablas de multiplicar u otras operaciones matemáticas que se pudieran llevar a cabo mediante esta tecnología… siempre y cuando el concepto del cálculo a realizar el usuario lo tuviera interiorizado y lo supiera aplicar en función del problema a resolver.

Las tecnologías están cambiando los procesos de aprendizaje de nuestros jóvenes, focalizando su interés, más que a la adquisición de contenidos conceptuales, en aquellos de tipo procedimental y actitudinal. En palabras coloquiales, podríamos llegar a afirmar que para los jóvenes es más importante aquel aprendizaje vinculado con el uso de una tecnología y/o hacer búsquedas de datos, que los datos en sí, pues dependen del primer tipo de aprendizaje para acceder al segundo.

En ese sentido, y según ya demostró en el año 2011 la revista Science, las tecnologías digitales y sobre todo Internet se están convirtiendo en una extensión de la memoria humana. Para demostrar esta evidencia, llevaron a cabo cuatro experimentos en un contexto controlado, dejando constancia de que los sujetos participantes cuando tenían la seguridad de contar con la colaboración de la memoria externa de las tecnologías digitales e Internet, de forma selectiva  y consciente no memorizaban la información.

La neuroplasticidad de nuestro cerebro, mediante este tipo de procesos selectivos, es la encargada de permitirnos alcanzar aquellos aprendizajes que son relevantes y que nos permiten adaptarnos al contexto en el que vivimos. En resumidas cuentas, seguimos funcionando bajo el instinto primario de supervivencia que ha impregnado desde sus orígenes a la raza humana, poniendo en valor y adaptando sus capacidades  a las necesidades a alcanzar en la sociedad en la que vivimos.

Nadie duda de que para el hombre primitivo los aprendizajes relacionados con las habilidades de la caza eran claves para su supervivencia. En el contexto actual, los aprendizajes relacionados con el manejo de las tecnologías de la información y de la comunicación, han substituido a la necesidad de memorizar cualquier información que sea accesible a través de las mismas.

¿Cómo afectan las tecnologías en el proceso de enseñanza y aprendizaje de niños y adolescentes?

  • El entorno digital se presenta como atractivo para los procesos educativos. El potencial multimedia del mismo, así como sus dimensiones (Internet es el repositorio de información más grande que jamás existió), son dos de las características que determinan sus posibilidades en el entorno escolar.
  • La magnitud de la red, sobre todo en los niños más pequeños, puede hacerles sentirse perdidos. Este fenómeno identificado bajo el nombre de “serendipiti”, debe ser un objetivo educativo en los primeros años de escolarización. Maestros y padres debemos ser responsables de enseñar el correcto manejo de las tecnologías digitales, para este modo contribuir a que los niños conozcan todo su potencial y eviten todo tipo de riesgo.
  • Según los expertos las tecnologías digitales están influyendo de forma negativa en la capacidad de lectura y de comprensión de los textos. En ese sentido, la propia tecnología y su capacidad de generación de contenidos nos puede ayudar a promover la adquisición de las competencias relacionadas con la lectoescritura y en general con el correcto uso del lenguaje. Si conseguimos detectar temas de interés entre nuestros jóvenes, estos pueden ser un excelente recurso para ejercitar habilidades relacionadas con la lectoescritura, por ejemplo mediante la creación y mantenimiento de un blog especializado.
  • Se destaca un detrimento de la memoria de trabajo vinculada con el recuerdo y manejo de datos, y aumento del desarrollo de la memoria visual. Esta realidad ha sido constatada con pruebas de imagen cerebral, por ejemplo en poblaciones estimuladas mediante videojuegos, en los que las conexiones cerebrales difieren entre la fase inicial y posterior del estudio. En este caso, la orientación espacial, la memoria visual y la coordinación visual-motora, son habilidades que se pueden ejercitar a nivel cerebral y que gracias a la neuropasticidad permiten la creación de nuevas conexiones cerebrales condicionadas por el uso que hacemos de nuestros recursos de aprendizaje.
  • La reserva cognitiva que tenemos retarda la aparición de enfermedades relacionadas con nuestra memoria, como sería el alzhéimer ya que nos permite disponer de más recursos para compensar los déficits. En este sentido, es clave promover actividades que permitan la ejercitación activa de la memoria, ya sea en contextos de educación formal, como no formal. Los juegos de lógica y de memoria, pueden ser un recurso lúdico que contribuye de forma divertida a la ejercitación de la memoria. La lectura es otra actividad que nunca debemos olvidar, su valor “nutritivo” para la mente es como el agua para el organismo, imprescindible.
  • Los contextos educativos cada vez se centran más en habilidades cognitivas relacionadas con procesos, como sería la gestión y recuperación de la información,  que no en memorizar y recordar datos. Un joven del presente maneja una cantidad ingente de datos en comparación con un chico/a de su misma edad, pero de hace tan solo 20 años, de ahí la necesidad de adquirir técnicas para la gestión de la información.
  • La memoria y nuestros recuerdos condicionan nuestra personalidad y su desarrollo, por tanto la correcta estimulación que recibamos a nivel de enseñanza-aprendizaje determinará rasgos de nuestra individualidad. 
  • No olvidemos nunca la importancia del ejercicio físico y su efecto positivo a nivel cognitivo, dado que contribuye a  crear y mejorar las conexiones cerebrales. La liberación de dopamina que ocasiona, uno de los más potentes neurotrasmisores, afecta de forma favorable en el rendimiento neurológico y por tanto de la memoria y de los procesos educativos. Una recomendación y que afectará positivamente en el rendimiento académico de niños y jóvenes, es la práctica diaria o tres veces en semana de algún tipo de ejercicio físico. Lamentablemente, en los currículum educativos actuales la dedicación temporal a la educación física no cubriría las indicaciones recomendadas.

Como hemos comentado en este artículo, la tecnología está marcando un antes y un después también en los procesos cognitivos, que correctamente gestionados no deben de generar ningún tipo de alarma. 

Acceso a las fuentes de consulta:

Cómo sobrevivir en el mundo de la amnesia digital. Kaspersky.  [Fecha de consulta: 10/07/2015]   

La Amnesia Digital se extiende entre los españoles. ABC. [Fecha de consulta: 10/07/2015]  

Google ya es parte de tu memoria. El País. [Fecha de consulta: 10/07/2015] 

Betsy Sparrow, Jenny Liu, Daniel M. Wegner (2011) “Google effects on memory: cognitive consequences of having information at our fingertips”. Revista Science. DOI: 10.1126/science.1206773

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